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En este número

El rincón del Director - David Poplack, Doctor en Medicina

Genética Molecular de la Leucemia Linfoblástica Aguda - Karen Rabin y Judith Margolin, Doctoras en Medicina

Nuevos Agentes en la Leucemia Pediátrica - Terzah M. Horton, Doctora en Medicina y Física; Stacey L. Berg, Doctora en Medicina

Leucemia linfoblástica aguda en niños: Avances de los últimos años - ZoAnn Dreyer, Doctora en Medicina

Transplante de células madre en la leucemia linfoblástica aguda infantil - Kathryn Leung, Doctora en Medicina. y Robert Krance, Doctor en Medicina


Genética Molecular de la Leucemia Linfoblástica Aguda
- Karen Rabin, Dra. en Medicina y Judith Margolin, Dra. en Medicina

   

Dra. Karen Rabin

   

Dra. Judith Margolin

Introducción
La leucemia linfoblástica aguda (LLA), el cáncer infantil más común, ha sido un emblema del progreso médico, y se han logrado mejoras sostenidas en el porcentaje de curación en los últimos 50 años. Actualmente el 80 por ciento de los pacientes tiene un tiempo de supervivencia libre de la enfermedad de 5 años. Comprender la genética molecular tiene una función cada vez más importante en la optimización de la terapia para la LLA pediátrica, y es necesario definir distintos subgrupos de pronóstico en los cuales se puede adaptar la terapia para que se evite a los pacientes de bajo riesgo una toxicidad innecesaria, mientras que los pacientes de alto riesgo reciben la terapia intensiva que pueda permitir la curación.

Factores de pronóstico
La edad y el recuento de linfocitos (RL) son dos parámetros importantes e independientes utilizados para orientar la terapia inicial. Los criterios de consenso entre Roma y NCI definen la LLA de alto riesgo cuando el paciente tiene más de 1 año o menos de 10 años o un RL inicial superior a 50.000/ml. El inmunofenotipo también tiene una función importante en la determinación de la opción de régimen terapéutico a seguir. Existe un sinfín de información adicional disponible a nivel molecular respecto de la etiología de la enfermedad, de la historia natural y del pronóstico. En las siguientes secciones incluimos un resumen de las principales anomalías recurrentes importantes para el pronóstico de la LLA pediátrica.

Generalidades de la genética molecular en la LLA
Citogenética
El análisis citogenético del cariotipo, recientemente complementado con un panel de pruebas de hibridación in situ fluorescentes específicas (FISH, por sus siglas en inglés), es un elemento crucial en la evaluación de diagnóstico de la LLA. Actualmente, las pruebas citogenéticas de laboratorio detectan anomalías cariotípicas en un 60 a un 85 por ciento de los casos de LLA, si bien, en condiciones óptimas, el porcentaje de detección puede acercarse al 100 por ciento. Algunos cambios cariotípicos se producen al azar y no son significativos para el pronóstico. Otros son recurrentes y proporcionan información acerca de los mecanismos leucemogénicos subyacentes y del pronóstico clínico. Los cambios citogenéticos que se producen en la LLA incluyen anomalías en el número de cromosomas, como los trisomas y los monosomas, y anomalías en la estructura, como eliminaciones, translocaciones e inversiones.

Las eliminaciones comúnmente provocan la pérdida de un supresor tumoral. Las translocaciones y las inversiones generalmente disparan dos tipos de eventos. Un protooncógeno puede acercarse a un TCR o a un locus de inmunoglobulina provocando la sobreexpresión del gen intacto, o los genes en los puntos de rotura de los cromosomas reordenados, que a menudo son factores de trascripción, pueden fusionarse y formar una nueva proteína quimérica que es oncogénica debido a sus propiedades alteradas o a sus patrones de expresión.

Anomalías en el número de cromosomas en la LLA (ploidía)

La ploidía se puede evaluar por medio de un análisis de cariotipo como recuento del número de cromosomas o por citometría de flujo utilizando una medida denominada índice de ADN (IA), que es la relación de fluorescencia en los blastos leucémicos comparada con las células diploides normales en la fase G0/G1. Las células diploides normales tienen 46 cromosomas y un IA de 1, las células hiperdiploides tienen más de 46 cromosomas y un IA mayor que 1, y las hipodiploides tienen menos de 46 cromosomas y un IA <1. Las muestras hiperdiploides a su vez se clasifican en hiperdiploides “bajas” y “altas”, que indica 47 a 50 cromosomas y más de 50 cromosomas, respectivamente.

Los casos hipodiploides constituyen aproximadamente el 6 por ciento de los casos pediátricos. En aproximadamente el 80 por ciento de los casos pediátricos falta un solo cromosoma, y su pronóstico es similar al de los casos diploides. Sin embargo, los que tienen menos de 45 cromosomas tienen un resultado significativamente peor, y el peor resultado se ve en los casos casi haploides (24 a 28 cromosomas). Raros casos con casi triploidía (68 a 80 cromosomas) o con casi tetraploidía (más de 80 cromosomas) también se han asociado generalmente con resultados muy malos.

La hiperdiploidía se produce en aproximadamente el 35 por ciento de los casos de LLA pediátrica. En general, coincide con otros factores de riesgo favorables, pero conserva el valor predictivo positivo independiente. El resultado es mejor en la hiperdiploidía “alta”, que ha sido definida con variaciones en distintos estudios como entre 50 y 55. Recientemente, un meta-análisis propuso que el pronóstico favorable es atribuible a trisomas de cromosomas particulares más que al número total, y la aparición simultánea de los trisomas 4, 10 y 17 es la más favorable.

Anomalías de la estructura cromosómica en la LLA
TEL-AML1, t(12;21)(p13;q22)

La proteína por fusión del gen TEL-AML1 formado por la translocación del t(12;21)(p13;q22) se produce en aproximadamente el 25 por ciento de los casos de LLA infantil, siendo así la anomalía más frecuente en el cáncer infantil. Si bien es la translocación más frecuente en la LLA, la translocación del t(12;21) no fue identificada sino hasta 1995 porque, en casi todos los casos, la translocación es críptica y afecta una región genética tan pequeña que no puede ser detectada por el cariotipo.

La proteína de fusión del gen TEL-AML1 se expresa ampliamente debido al promotor TEL, y convierte al gen AML1 de un activador transcripcional a un represor. La proteína aparentemente actúa de manera dominante negativa, reprimiendo la activación transcripcional mediante la copia normal restante del gen AML1. No está claro de qué manera esto arbitra la leucemogénesis. La baja penetración, la prolongada latencia y los resultados variables de la sobreexpresión del gen TEL-AML1 en distintos modelos en ratones sugieren que se trata de un paso inicial importante, pero insuficiente para la transformación leucémica.

Importancia clínica del gen TEL-AML1
La significación pronóstica de la positividad del gen TEL-AML1 ha sido objeto de controversia. Al principio se pensaba que era un subgrupo de pronóstico favorable, con una supervivencia que superaba el 90 por ciento. Informes posteriores generaron preocupación acerca de la frecuencia de la remisión tardía, sugiriendo que la supervivencia podría ser equivalente o inferior si el tiempo de seguimiento era lo suficientemente prolongado. Más recientemente, se ha sugerido que las diferencias en los resultados son atribuibles a los distintos tipos de tratamientos y a las diferentes intensidades, con mejores resultados en regímenes con un uso significativo de L-asparaginasa y metotrexato. Un reciente estudio prospectivo que utilizó un régimen de tratamiento intensivo permitió descubrir que el gen TEL-AML1 estaba asociado con un pronóstico superior (porcentaje de supervivencia general a 5 años del 97 por ciento), pero no conservaba la significación pronóstica independiente después de tomar en cuenta la edad y el RL.

Otro hito del gen TEL-AML1+ LLA es la tendencia a remisión tardía y la leucemia por remisión demuestra excelente quimiosensibilidad y porcentaje de supervivencia. Este patrón de remisión tardía y buena supervivencia ha traído la idea de que la leucemia original efectivamente puede ser erradicada y que la remisión, en realidad, representa la evolución de un nuevo clon leucémico a partir del gen TEL-AML1 preleucémico + célula de origen. El mapeo molecular detallado del diagnóstico asociado y del gen TEL-AML1 con remisión + clones de LLA ha apoyado esta hipótesis, demostrando idénticas consecuencias para el gen TEL-AML1 pero distintas mutaciones secundarias.

E2A-PBX1, t(1;19)(q23;p13)
La proteína de fusión E2A-PBX1, asociada con la translocación del t(1;19)(q23;p13), es la segunda translocación más común en la LLA pediátrica, y se presenta en aproximadamente el 6 por ciento de todos los casos de LLA pre B. La proteína de fusión combina los dos dominios de activación del factor de trascripción E2A en el cromosoma 19 con el gen homeobox PBX1 en el cromosoma 1, resultando en un factor de trascripción quimérico que activa fuertemente un subgrupo de genes homeobox normalmente regulados por el PBX1.

Importancia clínica de la E2A-PBX1
La proteína de fusión E2A-PBX1 tiende a asociarse con otros factores de alto riesgo conocidos, pero en los primeros estudios se descubrió que tiene un impacto adverso independiente sobre el pronóstico. En los regímenes de tratamiento intensivo modernos, sin embargo, la supervivencia es equivalente a los porcentajes de cura de hasta el 90%.

BCR-ABL, t(9;22)(q34;q11)
La translocación del t(9;22) fue la primera anomalía cromosómica recurrente identificada en el cáncer en humanos, en 1960, asociada con leucemia mielocítica crónica (LMC). Esta translocación, conocida como el cromosoma Filadelfia (cromosoma F), es un criterio esencial para el diagnóstico de la LMC. También ocurre en aproximadamente el 3 por ciento de los casos de LLA pediátrica. El cromosoma F es un marcador de pronóstico adverso significativo con porcentajes de inducción significativamente más bajos, remisión más frecuente y más temprana y menor porcentaje de supervivencia general.

El cromosoma Filadelfia se forma por la fusión dentro del marco de la porción 5ta. del gen BCR (por las siglas en inglés de breakpoint cluster region) en el cromosoma 22 con la porción 3era. De la tirosina quinasa C-ABL en el cromosoma 9, un fotooncógeno que es parte de la vía de señalización del gen RAS. La proteína de fusión resultante BCR-ABL provoca la regulación hacia arriba de la actividad de la tirosina quinasa del gen ABL. Dos principales proteínas quiméricas del gen BCR-ABL aparecen en la LLA, que difieren en el punto de quiebre del gen BCR. Los quiebres dentro de la región más importante del centro del punto de quiebre 5.8 kb (M-BCR), que se presentan en la LMC y en el 25 por ciento de la LLA Ph+ en adultos, forma una proteína 210 kD conocida como p210. En el resto de los casos de LLA en adultos y en la mayoría de los casos de LLA pediátrica, el punto de quiebre se produce más arriba en el gen BCR, en la región menor del centro del punto de quiebre (m-BCR), formando una proteína 185-190 kD conocida como p185 o, con mayor frecuencia, p190.

Importancia clínica del gen BCR-ABL
El transplante alogénico de células madre en general se ha considerado como la única terapia curativa en la LLA Ph+, y en general se recomienda en la primera remisión completa (RC). Si no hay disponible un donante que sea pariente del paciente, se puede considerar un donante que no tenga parentesco con el paciente. El control molecular es vital durante la terapia, ya que la proteína de fusión no debe persistir en la LLA recidiva, a diferencia de la LMC. La remisión molecular tiene muchas más probabilidades de ser duradera que la remisión citogenética con positividad molecular, tanto antes como después del transplante.

El tratamiento de la LMC y de la LLA Ph+ se revolucionó en 2001 por el advenimiento del imatinib mesilato, también conocido como STI-571 o Gleevec. Imatinib, un inhibidor selectivo de la tirosina quinasa, fue la primera terapia molecular que tuvo éxito clínico a gran escala, alcanzando las metas de la selectividad antitumoral y de la baja toxicidad sistémica. A pesar de su éxito, no ha sido efectivo como agente único debido al rápido desarrollo de resistencia, y el transplante alogénico de células madre sigue siendo la terapia curativa óptima en la primera RC. Es necesario continuar realizando investigaciones para determinar cómo integrar mejor el imatinib en los regímenes de quimioterapia, y para determinar si el transplante es necesario para pacientes que tienen una respuesta molecular rápida y sostenida.

Reordenamientos del gen MLL, 11q23
Los reordenamientos del gen MLL se producen en el 8 por ciento de los casos de LLA pediátrica y constituyen la anomalía más frecuente en la LLA infantil, ya que se presentan en el 60 a 70 por ciento de los casos. También están asociadas con LMA, particularmente con enfermedades secundarias después de la terapia con antraciclina y epipodofilotoxina. Las leucemias con reordenamiento del gen MLL son inusuales en dos aspectos: (1) el terminal N del gen MLL forma una proteína de fusión con el terminal C de más de 40 socios diferentes, incluido el gen mismo y (2) los reordenamientos del gen MLL se encuentran en la LLA y en la LMA, mientras que la mayoría de las demás translocaciones son específicas del linaje celular.

La proteína de fusión del gen MLL-AF4 formada por t(4;11) es la translocación más común del gen MLL en la LLA, ya que representa el 70 por ciento de los casos. La LLA infantil con reordenamiento del gen MLL tiende a estar asociada con edad menor a seis meses, con mayor frecuencia en el sexo femenino, carga tumoral masiva, organomegalia, frecuente compromiso del SNC, coexpresión de antígenos mieloides e inmunofenotipo CD10-negativo pro-B. El reordenamiento del gen MLL significa un mal diagnóstico en la LLA pediátrica, incluso en niños mayores de un año de edad, si bien aparentemente los resultados son particularmente malos en el grupo etario infantil y en la translocación del gen t(4;11).

LLA-T
La LLA-T representa el 12 por ciento de los casos de LLA pediátrica. Se presenta con mayor frecuencia en adolescentes y adultos jóvenes, y se presenta con frecuencia con un RL extremadamente alto, compromiso del SNC, masa mediastinal de gran tamaño y marcada linfoadenopatía y hepatosplenomegalia. Históricamente, la supervivencia era pésima en comparación con la LLA de linaje B. Al intensificar las terapias, se ha mejorado a aproximadamente el 70 al 75 por ciento. Sin embargo, los factores de riesgo tradicionales, como la edad y el RL, utilizados para la estratificación en la LLA de linaje B aparentemente no aportan tanta información diagnóstica en la LLA-T, lo que destaca la importancia de identificar, en cambio, las diferencias de pronóstico de base molecular.

El evento leucemogénico en la LLA-T en general incluye sobreexpresión de un proto oncógeno no alterado, en lugar de la generación de una nueva proteína de fusión, como ocurre frecuentemente en la LLA de linaje B. A menudo, la sobreexpresión se produce debido a una translocación que pone un gen bajo el control de un promotor o activador del TCR. Los dos loci del TCR afectados con mayor frecuencia son el locus en TCRb y el 7q34 y el locus en TCRa/d en el gen 14q11.

Conclusiones
El descubrimiento de la genética molecular de la LLA ha abierto el camino hacia muchos avances en nuestra comprensión de vías de leucemogénesis básicas, en nuestra capacidad para estratificar pacientes al momento del diagnóstico en grupos de tratamiento adecuadamente adaptados y en el rastreo del estado de la enfermedad durante el tratamiento; así como para la identificación de nuevos blancos terapéuticos. Entre los desafíos futuros se incluye la búsqueda de nuevos estudios para optimizar la terapia para subtipos existentes de la enfermedad de bajo riesgo así como para identificar pacientes en los subtipos de riesgo favorable que igualmente no pudieron curarse, y así diseñar terapias más efectivas para ellos. Desde un punto de vista práctico, será un desafío aún mayor tomar la enorme cantidad de estudios moleculares y genómicos en la LLA y extraer aquellos principios que son más informativos y factibles para la aplicación a gran escala en el ámbito clínico.

Acerca de las autoras
Karen Rabin, Dra. en Medicina y Judith Margolin, Dra. en Medicina son profesoras adjuntas de hematología y oncología pediátrica y miembros del Equipo de Leucemia y Linfoma del Texas Children's Cancer Center.

El interés clínico de la Doctora Rabin reside en el manejo de la leucemia linfoblástica aguda. Sus estudios se concentran en la genética molecular de la LLA en pacientes con síndrome de Down y en aplicaciones clínicas de conjuntos de hibridación genómica similar.

La Doctora Margolin está interesada en los patrones de expresión genética, que se producen en las células hemopoyéticas normales durante el desarrollo, la diferenciación y la respuesta inmune. Su laboratorio también estudia los patrones de expresión genética en células o blastos leucémicos, células de hepatoblastoma y otros tipos de cáncer pediátrico.


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